
Ya en la antigua Grecia existía la connotación peyorativa del término demagogia. Tucídides llamaba al régimen de Pericles «la democracia de la laringe», Demóstenes decía que «los oradores no hacen sino hablar como el público quiere que hablen» y Aristóteles la define como “forma corrupta o degenerada de la democracia”.
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